
Saber el vértice justo de la caída,
estudiar la profundidad dividida por la superficie
tener en cuenta la velocidad del viento
dirección norte, sur.
Tener todo analíticamente milimetrizado
antes de saltar.
Perder el tiempo en cuestiones de seguridad
cuando al final
la única manera de aterrizar
es estrellándose
sin colchón de plumas ni esponjas que ablanden el dolor.
caer-de-espaldas,
de rodillas
y así
finalmente
en
tus
brazos.